martes, 21 de febrero de 2017

#RESEÑA - SEIS DE CUERVOS de L. Bardugo



Título: SEIS DE CUERVOS
Autora: LEIGH BARDUGO
Editorial: HIDRA
Páginas: 544
Traducción: Miguel Trujillo Fernández 
 





Sinopsis: Ketterdam:Un desbordante foco de comercio internacional donde todo se puede conseguir por el precio adecuado, como bien sabe el prodigio criminal Kaz Brekker. A Kaz le acaban de ofrecer la oportunidad de llevar a cabo un gran robo, un arriesgado golpe que podría hacerle más rico de lo que se jamás se ha atrevido a imaginar en sus sueños más salvajes. Pero no podrá llevarlo a cabo por sí solo: tendrá que reclutar a un peculiar equipo formado por un convicto, una espía, un pistolero, una Grisha, un ladrón y un fugitivo. Aunque ellos no lo saben, llegado el momento los miembros del grupo de Kaz serán los únicos capaces de salvar el mundo de la aniquilación total. Bueno, lo serán si no se matan entre ellos primero.


La premisa de un grupo planeando el asalto a una fortaleza inexpugnable es algo que hemos visto docenas de veces, y más en el cine, por lo que a priori no era algo muy original que llamara la atención. Es cierto que el hecho de que el libro entero se centre en algo así no es tan común pues normalmente todo forma parte de un plan mayor; el problema de historias así es que pillan mucho las manos de la autora ya que genera una estructura inicial muy lineal y de la que es difícil escapar. Por suerte Leigh Bardugo ha conseguido evitar eso. ¿Que cómo ha conseguido convertir algo tan simple en un buen libro? Dos palabras: buenos personajes.

Qué digo buenos, sensacionales. Es raro, rarísimo, encontrarte un libro con un grupo protagonista en el que cada uno de ellos tenga una historia diferente detrás, un carácter marcadamente particular y coherente con su historia, lazos del pasado y del presente a distintos niveles y una visión de la misma circunstancia radicalmente distinta a la de sus compañeros. Bardugo lo consigue maravillosamente bien. Hemos hablado muchas veces de novelas cuya trama superaba con creces a los personajes, véase El Problema de los Tres Cuerpos, pero en este caso es al revés; Seis de Cuervos es una novela de personajes en la que la trama es solo un escenario. Y funciona, vaya que si funciona.



Va a ser complicado reseñar esta obra sin destripar nada de los personajes así que evitaré ir uno por uno alabando virtudes y defectos y haré una pasada superficial. Empecemos por Kaz, el que lleva el peso principal, líder y tipo guay. No sé por qué (bueno sí que lo sé) pero me recuerda muy mucho a Artemis Fowl; casi parece que Kaz pudiera ser el hermano mayor de Fowl, una versión más dura, con menos compasión y una enorme carencia de escrúpulos. Como siempre pasa con estos personajes, me atraen a la par que me chirrían. Es malo. Mucho. Bardugo se empeña en demostrarlo continuamente, pero luego actúa y piensa como alguien que solo hace maldades porque no sabe salir del paso de otro modo, no quiere, pero lo hace. El personaje está muy bien construido pero por ese binomio de bueno forzado a hacer el mal, al final me ha cansado un poco, sobre todo cuando su “careta” se desmonta de una forma tan poco coherente con su historia, ¡ay el amor redentor de bestias cuánto mal ha hecho!
 
Al margen de Kaz y su relativa decepción final, el resto de personajes sí que cumple con coherencia su papel desde el inicio, incluso Jesper, el que parece menos consistente, acaba por desvelar detalles que lo convierten en un gran personaje, además su relación con otro miembro de la banda es un gran toque de aire fresco del que no diré nada para mantener la sorpresa. Quizá lo más clásico sea el tema de Matías y Nina que se huele desde el infierno, pero aun así no cansa ni peca de la típica brusquedad de estas historias. Pero por encima de todos, destaca el Espectro. Chapó de personaje y de trasfondo. Una mentalidad coherente construida a base de golpes pero sin caer en la oscuridad típica de Kaz. No hay una sola línea del Espectro que cambiase, lo cual sinceramente, es difícil de decir en la mayoría de personajes.


Con respecto al mundo, no hay mucho que decir, es bueno, consistente, con culturas variadas y muestras de que se ha construido con una mitología e historia propias, lo que seguramente se deba a que Bardugo escribió una trilogía original distinta anterior al libro pero en el mismo mundo. No lo he leído, pero gracias a esa historia, el mundo está vivo, quizá sea algo que le ha salido de rebote, pero funciona a la perfección.



Por tanto, tenemos un mundo que funciona, con unos poderes bien pensados y una categorización pesudocientífica de lo sobrenatural bastante razonable, todo unido a unos personajes enormes que sostienen sin problemas cualquier fallo de trama –que los hay- y solventan con sus diálogos las partes más pesadas del libro. Cumple y rebasa las expectativas que tenía puestas en él y demuestra que tener un equipo plural de personajes no implica construirlos de forma superficial.

Al final pierde bastante ritmo y el grupo peca de un amiguismo que durante el resto de la novela no tenía –sí, sé que se trata de que hacen colegas por el camino-, y la hacía más atractiva. Gente obligada a colaborar aunque no quieran siempre es más atractivo que instamigos de golpe y porrazo. Pese a ello es un buen final, acorde al magnífico prólogo, y deja con ganas de más historias en las que ver qué le depara a cada personaje su decisión final.



De la edición hay que reconocer que Hidra ha apostado todo por esta novela. La portada con relieve y la cubierta original con el canto teñido en negro sumado a las ilustraciones interiores hacen que sea una auténtica gozada de edición. La traducción además, está muy trabajada y en ningún momento se notan frases o construcciones extrañas. 

Una obra con personajes memorables, un mundo sólido y la promesa cumplida de entretenimiento basado en ingenio y giros argumentales. Leigh Bardugo da con la clave y consigue una obra redonda. Seis de Cuervos es uno de los grandes aciertos del año.


jueves, 16 de febrero de 2017

#RESEÑA - APRENDIZ DE GUARDIÁN de John Flanagan

Título: APRENDIZ DE GUARDIÁN
Autor: JOHN FLANAGAN
Editorial: HIDRA
Páginas: 308
Traducción: Guiomar Manso de Zúñiga






La editorial Hidra ha reeditado la obra de John Flanagan con vistas a la posible película que lleva rondando los despachos de Hollywood varios años. No es una saga desconocida, aunque en nuestro país goza de poco éxito ha vendido más de 8 millones de ejemplares en todo el mundo. El título con el salió originalmente –a mi juicio más acertado— fue Las Ruinas de Gorlan, ahora convertido en subtítulo, dentro de la Saga de Montaraces. Quizá por la inevitable conexión con el universo de El Señor de los Anillos, no lo sé, el caso es que el cambio de título no le ha sentado nada bien. 

Acabé mi 2016 con esta novela y automáticamente entró en mi top de peores lecturas del año. Recuerdo terminarlo y ponerme a reseñarlo con el cuchillo entre los dientes, sin embargo decidí esperar y dejarlo reposar un poco. El tiempo me ha dado la razón y aunque no lo sacaría del top de peores lecturas, sí es verdad que ha cambiado mi opinión sobre él. ¿Por qué? Sencillo, básicamente porque creo que no es culpa del libro sino mía. Escogí mal. No es un libro enfocado al público del que formo parte. Es una novela juvenil en el sentido más clásico de la palabra, primariamente juvenil me atrevería decir. 

Portada de la primera edición


La historia no puede ser más simple. Joven huérfano, acosado por sus compañeros y por la gente, incapaz de destacar en lo que le gusta pero con una habilidad oculta que hace que llame la atención de un hombre misterioso y molón. Todo bajo la atenta mirada de un adulto poderoso y bondadoso que será su benefactor. Tenemos viaje del héroe, tenemos bulling, tenemos un malo malísimo en la sombra, un poco de magia y un final con pajaritos revoloteando mientras llevan un cartel de final feliz. 

La figura del Guardián (montaraz) es la arquetípica del hombre huraño que vive apartado y es temido y respetado a partes iguales. El típico que va con un arco y la capucha siempre puesta, que habla poco y va envuelto en un aura de misterio. ¿Hay alguien que no se haya imaginado a un tipo así alguna vez? Pues ese es el maestro de nuestro protagonista, Will (nombre jamás usado en una novela), y al que le enseñará con sus particulares métodos, a montar en pony, porque los caballos se cansan rápido al parecer, a seguir rastros y camuflarse o disparar con el arco. Clases para ser un tipo molón, vamos.

Ahora bien, Flanagan no es mal escritor. Lleva muy bien el tiempo de la novela, cumple con creces en la creación de un mundo medieval y lleva con mucho tino la madurez de su protagonista. Es cierto que su argumento es sencillo, pero es que lo tiene que ser, es lo que busca. Una trama juvenil para presentar una saga con visos a complicarla a medida que los protagonistas crezcan (salvando las distancias, es un planteamiento tipo Harry Potter, pero en un mundo más simple). Flanagan también sabe darle más fuerza a su pluma, lo demuestra en el prólogo, donde sin verse lastrado por la voz narrativa de un niño puede desplegar un toque más oscuro y entusiasta. Por eso creo que si sigue ese camino, el resto de la saga sí sería merecedora del éxito cosechado. Fallo mío, ni era una novela para mí ni mucho menos para mis requisitos mínimos en cuanto a fantasía. 

Tipo molón, digo Montaraz, digo Guardián


Es entretenida y cumple su función, pero no esperéis ni un pie fuera del tópico. La mayor muestra de que es una novela de marcadísimo toque juvenil, casi a medio camino entre los últimos retazos de los infantil y las primeras lecturas juveniles, es el modo en el que los protagonistas, todos chicos jóvenes, actúan ante los adultos. Las figuras de autoridad –todos hombres, para variar…— no son cuestionadas nunca más allá de los típicos berrinches infantiles, y acaban llevando la razón, cosa que los protagonistas reconocen después de llevarse la correspondiente lección dramática. Chicos, no corráis riesgos, si os pasa algo, acudid a un adulto. 

No voy a extenderme mucho más. Aprendiz de guardián es una novela para generar gusto por la lectura en los más jóvenes, pero que se queda muy corta si se espera algo más de ella. Quizá el resto de la saga, hasta once libros, ahonde más en sus tramas y personajes, no lo sé y no seré yo quien lo descubra. 

PD: Montaraz siempre ganará a Guardián. Siempre. 




 

miércoles, 8 de febrero de 2017

#RESEÑA - UN LUN DUN de C. Miéville

Título: UN LUN DUN
Autor: CHINA MIÉVILLE
Editorial: OZ EDITORIAL
Páginas: 412
Traducción: Gema Facal, Joan Eloi Roca






China Miéville es uno de esos autores extraños, peculiares, con más cosas en la cabeza que la simple escritura y con la habilidad de plasmar en sus líneas mucho más de lo que las meras palabras parecen decir. Esto se ve en todas sus novelas y Un Lun Dun, novela juvenil que aparenta una sencillez infantil, no es una excepción. La literatura gana algo más que un autor gracias a Miéville y el lector audaz sabrá apreciarlo al mismo tiempo que disfruta de la novela.


La trama promete una simpleza propia del género juvenil, ya lo hemos comentado. Tenemos un par de amigas, una de ellas especial y distinta del resto, la otra, casi vulgar y mero acompañante de la figura principal. Básicamente tenemos el dúo prototípico que hemos visto en mil novelas y películas. También tenemos un mundo nuevo, uno al que solo nuestra amiga especial parece ser sensible y al que por supuesto sólo ella conseguirá acceder acompañada de su inseparable amiga. Tenemos una elegida, un mundo en peligro, un villano terrorífico y una misión vital que solo ella puede llevar a cabo. Tenemos todo esto, sí, y en la página cincuenta nos damos cuenta de que realmente la novela no tiene nada que ver con eso.
 

Pasemos al mundo, un reverso del nuestro, una ciudad deformada, absurda a nuestros ojos, una aburbe. El nombre es Alondres y como su gemela conocida, tiene barrios, habitantes, peligros y autobuses rojos con sus correspondientes conductores. Pero también tiene Pasaguas, la evolución de nuestros paraguas, jirafas carnívoras, bibliotecas infinitas, casas vivas y fantasmas con gobierno, hogares y listas de empadronamiento.




El mundo de Miéville está plagado de un tono de sorna ácida en cada esquina, una forma muy personal de retorcer nuestra realidad hasta que adquiere otro significado, pero sin perder del todo su origen, manteniendo una lógica absurda pero que de algún modo tiene sentido. Claro que los autobuses pueden viajar por el aire, ¿por qué no? El problema es manejarlos, no hacer que vuelen.


En medio de todo este mundo repleto de referencias y fusiones de nuestra realidad, hay una trama que trasciende Alondres para adentrarse en nuestro mundo. Aquí el villano no es una persona, sino un ente, el llamado Esmog, una nube de vapores tóxicos que hemos creado entre todos y que fue creciendo tanto hasta tomar conciencia de sí misma. Alondres se ve inmersa en una guerra contra tan formidable enemigo y aguanta a la espera de su elegida para vencer de una vez por todas. ¿Pero qué pasa si la elegida falla? ¿Y si el libro mágico que todo lo sabe se equivoca? ¿Y si los sabios no entienden la realidad que les rodea? ¿Y si lo que todo el mundo tiene tan claro, no fuese cierto? China Miéville hace estas preguntas y lleva a su banda de protagonistas, incluyendo un cartoncito de leche adorable —por supuesto que un cartón de leche puede serlo, ¿por qué no?—, a forzar los límites de lo que en teoría hay que hacer, hasta lo que realmente necesita hacerse. En una reflexión muy real sobre la valentía, la toma de decisiones y la verdadera responsabilidad, consigue que un mundo a todas luces inverosímil sirva de escenario para cuestiones que todos tenemos que hacernos alguna vez. Y lo hace en un libro enfocado a un público infantil. Hola, soy China Miéville y creo firmemente que los niños y adolescentes no son tontos y deben asumir su responsabilidad. 

Nuestra banda de protagonistas. Sí, es una cabeza en forma de jaula.



Es cierto que la novela a veces peca de un excesivo runrún repetitivo que lleva a una cierta cantidad de páginas que bien podía haberse ahorrado, facilitando la lectura ya de paso, pero el conjunto final es más que positivo y la parte más pesada se solventa sin problemas gracias a un final que no por previsible resulta menos satisfactorio. 


Incluye además una serie de imágenes terribles, todas relacionadas con la presencia del Esmog y sus criaturas, de las que no es difícil sacar una lectura con tintes medioambientales. Seres consumidos por el vicio y la adicción al humo tóxico que no son capaces de pensar si no tienen un suministro constante de su droga, y que, aunque esta acabe transformándolos, ni quieren ni pueden huir de ella (¿A nadie le suena a nada conocido?). 
 

¿No os había dicho que los cubos de basura son ninjas?

Sobre la edición, hay que reconocer la labor de Oz Editorial con la maquetación, incluyendo de manera genial y muy acertada el término Automóvil como el autor lo había imaginado: del revés. Es de agradecer y mucho, este esfuerzo por conservar la intencionalidad del autor y su juego con el lenguaje, algo por cierto que hace de maravilla con la figura de Don Parlante y sus pronúnditos. Del mismo modo, la traducción ha conseguido crear unos términos en nuestro idioma manteniendo el tono del original en una tarea que supongo no habrá sido nada fácil. 


Un Lun Dun es una novela para regalar a todos los hijos, nietos, sobrinos, primos y demás, pues para ellos es principalmente, pero también es una obra para recomendar al público adulto, que la disfrutará tanto o más. China Miéville logra entretener, hacer reír y en muchos casos reflexionar, sin perder nunca de vista el tipo de libro que es. La literatura juvenil no tiene por qué ser estúpida y los tópicos no tiene por qué ser negativos.